Fernando de Casas lo proyecta, igual que el de San Benito, en 1742. El retablo consta de dos cuerpos. El inferior tiene tres calles separadas por columnas salomónicas y un frontón partido. La labor escultórica -salvo la imagen de la Virgen que lo preside y que
es de origen inglés- se debe a escultores formados en el taller de Romay. La titular del retablo ocupa la hornacina central y fue repintada en la época barroca. Una tradición la supone tallada en Inglaterra y traída por los católicos exiliados en la época de Enrique VIII. Su presencia en el monasterio no está documentada hasta 1607. En las hornacinas laterales, en un nivel más bajo, se sitúan San José con el Niño y San Juan Bautista. Arriba se muestran los progenitores de María: San Joaquín y Santa Ana. En el ático se exalta la figura de la Virgen con la escena de su coronación y la imposición de la casulla a San Ildefonso. Remata el conjunto la imagen del Arcángel San Gabriel, anunciador de la Encarnación. Sobre las calles laterales se disponen dos santos fundadores: Santo Domingo de Guzmán, a la derecha, y San Ignacio de Loyola, a la izquierda.

