Compostela en el siglo XIII

La finalización de la Catedral de Santiago en el año 1211 hizo posible la definición total de la urbe medieval que significaba la meta de los caminos de peregrinación que hasta aquí llegaban.

El elemento más determinante fue, sin duda, la muralla de prácticamente dos kilómetros de perímetro que delimitaba los límites de la urbe. Servía de protección, conectaba la población con los campos de alrededor y gestionaba entradas y salidas de mercancías, aunando así tareas de defensa con aspectos políticos y económicos.

Contaba en total con siete puertas que conectaban con el exterior y que conformaron los ejes de crecimiento urbano, de las que destacaban especialmente tres por su trazado directo hacia la Catedral: Porta do Camiño, Porta Faxeira e Porta de Mazarelos.

La mayor parte de la población era campesina y se dedicaban a trabajar los campos exteriores a la muralla, por lo que la fuente económica de la ciudad era, propiamente, su entorno inmediato a extramuros. Con todo, y como se observa en la reconstrucción digital, no había una clara separación de actividades entre lo urbano y lo rural, pues el interior de la muralla se caracterizaba también por guardar amplios espacios destinados al cultivo y los animales. De la misma forma, la altura de las edificaciones estaba supeditada al muro defensivo y, ya que superar sus dimensiones suponía una amenaza para la seguridad del interior, las casas de madera que conformaban la ciudad de Santiago acostumbraban ser de una o dos alturas, siendo excepcionales los casos de tres.

La conclusión de la sede apostólica permitió la edificación de los conjuntos arquitectónicos que la envuelven: por el lado norte el palacio episcopal y, por el sur, el claustro medieval. Con el crecimiento de la ciudad fueron diferenciándose los distintos espacios según las funciones que desempeñaban, de manera que las cercanías de la catedral, donde hoy existen las cuatro plazas principales, quedaron liberadas para dar acceso a las distintas portadas de la basílica. Destaca aquí el espacio alrededor de la cabecera de la iglesia medieval -oculta en la actualidad por la posterior reforma de la Plaza de la Quintana- con la yuxtaposición de las numerosas capillas que abrazan el altar mayor en el interior y el característico testero del exterior de la Capilla del Salvador.
El remate de la catedral medieval no significó su estancamiento como edificio vivo, pues las obras destinadas a enriquecer y transformar el templo inicial no dejaron de sucederse, tal y como muestra el inicio del gran proyecto nunca acabado de cabecera gótica, emprendido a mediados de siglo XIII, que se puede apreciar envolviendo el ábside románico.

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