Cripta
La cripta del Pórtico de la Gloria, además de servir como solución al desnivel del terreno, se presenta como una antesala imprescindible en la comprensión del proyecto iconográfico del Maestro Mateo. Como nivel inferior al pórtico, representa el mundo terrenal a través de elementos arquitectónicos repletos de vegetación y animales, junto con dos ángeles astróforos situados en las claves de la bóveda del pseudotransepto que portan un Sol y una Luna.
Se organiza alrededor de un pilar de ocho columnas adosadas sobre el que se levanta el parteluz del pórtico en la planta superior. Su girola, igual que la catedralicia, tiene una capilla central de mayor tamaño que las laterales, planta rectangular y testero con un arco de medio punto peraltado flanqueado por dos arcos en mitra.
Actualmente, la cripta del Pórtico es un espacio musealizado, sin embargo, su uso ha variado a lo largo de los siglos. Aunque en un inicio pudo plantearse como Panteón Real, nunca llegó a emplearse como tal. Su apariencia exterior se modificó por primera vez a mediados del siglo XIII, cuando se levantó un pequeño nártex que alineó la cripta con las dos torres occidentales y, en la misma fecha, se dispuso aquí una imagen de Santiago el Menor de clara influencia mateana, por lo que es probable que el culto al “otro” Santiago estuviese reservado a este lugar.
Basamentos
En los basamentos del Pórtico de la Gloria aparecen representados grifos, leones, osos y otras bestias, dotados en el arte medieval de una connotación negativa. Su presencia ha tenido diversas lecturas, entre ellas, el episodio de las cuatro bestias descrito por el profeta Daniel. En uno de los basamentos se representa el castigo al Rey Nabucodonosor.
Bajo el parteluz se observa un personaje barbado, sosteniendo las fauces de dos leones, que podría identificarse como Sansón, Gilgamesh, Adán o, en consonancia con el posible programa de los basamentos, con el pasaje de Daniel en la fosa de los leones.
La figura imberbe arrodillada en el reverso del basamento, que despliega una cartela en la mano izquierda y lleva la derecha al pecho, ha sido identificada con el autorretrato del Maestro Mateo ofreciendo su obra a Dios.
Primer cuerpo de columnas
En el primer cuerpo de columnas nos encontramos con una combinación del uso de granito y mármol, apreciándose un cuidado trabajo con la técnica del trépano.
El fuste situado en el pilar de la izquierda del arco central del Pórtico se corresponde con la Antigua Alianza y representa, entre otras escenas, el Sacrificio de Isaac como una prefiguración del martirio de Cristo.
La primera de las columnas del pilar derecho del arco central presenta, dispuestos en sentido helicoidal, una serie de relieves rodeados de vegetación. Los personajes parecen incorporarse, por lo que se interpreta esta representación como la Resurrección de los muertos, temática que encajaría con el Juicio Final del arco de la derecha y con la Salvación del Hombre en el tímpano.
En los capiteles se alterna la decoración vegetal con la figurada, a través de representaciones de animales reales y fantásticos.
Estatuas-columna
Una de las aportaciones del Maestro Mateo fue la modificación del canon arquitectónico correspondiente con el resto de la catedral al superponer dos órdenes de columnas e introducir en el superior las estatuas-columna propias de los portales franceses de la época.
En los pilares del lado izquierdo del arco central se representan profetas del Antiguo Testamento, siguiendo el discurso iconográfico del Pórtico: Moisés, Isaías, Daniel y Jeremías. Sus rostros aparecen individualizados, coincidiendo con las descripciones que de ellos se hace en la Biblia y en el Ordo Prophetarum. La secuencia de estatuas-columna situadas en el lado derecho del arco central se corresponden con los apóstoles Pedro, Pablo, Santiago el Mayor y Juan.
En cuanto a las estatuas-columna de los arcos laterales su identificación resulta compleja, ya que además de haber perdido los textos de sus cartelas, carecen de atributos claros para su identificación. Sin embargo, se cree que bajo el arco izquierdo, de acuerdo con su temática centrada en la Antigua Alianza, se continuaría la sucesión de profetas iniciada en el pilar izquierdo del arco central, con las figuras de Habacuc, Ezequiel, Malaquías y Oseas.
Bajo el arco derecho, se daría continuidad a la serie de apóstoles iniciada en el pilar derecho del arco central y, según diversas teorías, están representados Andrés, Santiago el Menor, Felipe y Tomás.
La antigua alianza:
arco izquierdo
El arco izquierdo se divide en dos arquivoltas que representan a las tribus de Israel y el descenso de Cristo al limbo para rescatar a los justos. En el lateral derecho, figuras caracterizadas como niños son llevadas por ángeles hacia el tímpano central, representando así a los resucitados que disfrutarán de la Gloria tras la segunda venida de Cristo.
Juicio final: arco derecho
En el arco derecho se representan los bienaventurados y los condenados. En el centro, las figuras de Cristo y San Miguel separan a unos de otros. Mientras los bienaventurados son ayudados por unos ángeles a pasar desde las arquivoltas del lado derecho a la Gloria del arco central, los condenados son sometidos a diversos castigos por sus pecados por parte de demonios con rostros monstruosos.
El parteluz
En la columna central del parteluz se representa la doble naturaleza de Jesucristo: la humana y la divina.
En el fuste de la columna se representa el Árbol de Jesé, figura que aparece recostada en la parte inferior y del que parten, entre las ramas y en disposición vertical, el resto de personajes. Entre los personajes podemos distinguir las figuras bíblicas de David y Salomón para expresar el vínculo de Cristo con estos reyes hebreos. Aparecen más personajes bíblicos, desde Samuel, Ezequiel, Santa Ana… hasta María, cuya imagen remata el conjunto sin llegar a ser tocada por las ramas, mostrando así su carácter virginal.
En el capitel situado sobre el parteluz se representa la naturaleza divina de Cristo, a través de sus tres personas. La primera figura, Dios Padre, sentado en un trono y coronado, sostiene sobre su regazo a Jesús como Niño, con los brazos abiertos y sosteniendo en la mano izquierda el Libro de la Ley mientras bendice con la derecha. Sobre su cabeza aparece la paloma del Espíritu Santo y, a ambos lados, parejas de ángeles están incensando la escena.
Rematando el conjunto del Parteluz, el Maestro Mateo dispuso una imagen de Santiago el Mayor que recibe a los peregrinos. Se representa sentado en un trono sostenido por leones y portando el báculo en tau propio de los prelados de Compostela, significándose como el primero de ellos. En su mano derecha despliega una cartela a través de la que se afirma su misión apostólica en estas tierras. Con esta imagen, se configuró un nuevo modelo iconográfico del apóstol que alcanzó gran desarrollo y tuvo su continuidad en la figura sedente del altar mayor.
Sobre la imagen de Santiago, un capitel nos muestra la representación del pasaje de las Tentaciones en el desierto.
La Gloria en el tímpano
El arco central está presidido por una imagen de Cristo en Majestad que supone el punto culminante del discurso del Pórtico. Se presenta coronado, como Rey de reyes, a la vez que como hombre al mostrar las llagas sufridas durante su martirio. A ambos lados de Cristo están los cuatro evangelistas de acuerdo con el relato apocalíptico de San Juan, acompañada cada figura del animal alado que le corresponde como símbolo: San Juan con un águila, San Lucas con un novillo, San Marcos con un león y San Mateo, el único que no lleva representación animal, que escribe sobre un pupitre como un “artista intelectual”.
El tímpano se completa con una serie de figuras coronadas, “el pueblo santo” tras su descenso al Limbo y los bienaventurados que han superado el Juicio Final.
En el plano inferior, una serie de ángeles portan los arma Christi. De izquierda a derecha: la columna de la flagelación, la cruz, la corona de espinas, los clavos y la lanza, el ánfora de vinagre, el flagelo y la caña con la esponja. El carácter procesional de estas figuras nos muestra un conocimiento profundo por parte del Maestro Mateo del ceremonial propio de la catedral compostelana en aquella época. Además, las figuras que portan elementos que estuvieron en contacto directo con el Salvador muestran las manos veladas, en señal de respeto.
Rodeando este conjunto, los veinticuatro ancianos coronados se preparan para tocar su música celestial en la arquivolta, siguiendo el relato apocalíptico. Distinguimos fídulas ovales, salterios, arpas, laúdes y un organistrum en la clave del conjunto, instrumento que requiere la participación de dos ancianos. Las figuras son representadas en el momento previo al inicio del concierto celestial, a punto de terminar la afinación de sus instrumentos, estableciendo entre ellos miradas y diálogos.
Todo este conjunto se asienta sobre el dintel, en el que se puede leer una inscripción alusiva a la fecha de colocación del mismo, 1 de abril de 1188, haciendo referencia también a la autoría del Maestro Mateo, quien “dirigió la obra desde sus cimientos”.
Contrafachada
La contrafachada del Pórtico forma parte de su programa iconográfico. Los personajes representados están en relación con el drama litúrgico del Ordo Prophetarum. Entre los personajes se encuentran representados Virgilio, Juan el Bautista, Balaam, la Reina de Saba y la Sibila Eritrea.
En los capiteles nos encontramos con diferentes figuras de animales e imágenes extraídas del bestiario medieval. Destaca también la imagen del castigo al blasfemo.
El carácter escenográfico del conjunto se completa con la presencia de ángeles trompeteros ocupando los arranques de las nervaduras de la bóveda en la contrafachada, correspondiéndose con la multitud de ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos. Originalmente, este espacio sacro se abría al exterior gracias al gran arco de su fachada, posteriormente sustituida por la actual portada barroca del Obradoiro.
Tribuna
El mensaje salvífico del Pórtico se completa con la tribuna. La luz que entraba a la basílica a través de la fachada occidental se filtraba al templo, cargada de simbolismo, por el rosetón y los arcos de este segundo piso. Con la apertura de grandes vanos se aligeró el muro que finaliza la nave central y se situó la Catedral a las puertas del estilo gótico, dejando entrever los avances técnicos que años más tarde conformarían la herencia mateana.
Es un espacio abovedado cuya clave es el Cordero o Agnus Dei. De acuerdo con el carácter escenográfico de todo el proyecto, alrededor de este Cordero se disponen cuatro ángeles turiferarios que inciensan su presencia. La luz, al incidir en el interior de la basílica, amplifica el sentido visionario del programa apocalíptico de la obra de Mateo, para convertir el templo compostelano en una Nueva Jerusalén Celeste.
